Hay una coletilla en el norte (yo soy del norte) que se usa mucho y para casi todo: ‘Sin más’. No se si tiene que ver con esa forma de ser tan nuestra, a medio camino entre la hosquedad y la aspereza, que a veces nos hace parecer secos incluso brutos. Pero, en el caso que nos ocupa, la expresión se viene a emplear más por comedidos que por ariscos. “Aitzol, ¿qué tal fue la despedida de soltero?”; “Pues quedamos unos amigos de la cuadrilla pa tomar unos tragos, sin más”; “¡Pero si me han contado que acabasteis en una playa croata abrazados a unas cabras!”; “Lo típico de una despedida, sin más”. Total, que el ‘sin más’ es una forma de normalizar cosas que en otras latitudes podrían parecer extraordinarias y que si lo piensas bien, tampoco lo son tanto. Como ‘Cazafantasmas II‘, una peli de la que llevamos mucho tiempo oyendo hablar, tal vez demasiado, y en la que se ha invertido tanto dinero en marketing que empezábamos a sospechar: que si una cacofonía en el metro de Madrid, que si el Cadillac de las pillaespíritus circulando por las calles de la capital, que si el mismísimo Iniesta ejerciendo de atrapaespectros…
Había mucha expectación por ver esta nueva entrega, 32 años después de la original y 27 de la segunda parte (porque hubo una segunda, aunque algunos no la recuerden). O más que expectación había cierta curiosidad malsana por contemplar este ‘Cazafantasmas’ en modo femenino plural que venía con polémica.
La película está bien construida, tiene algún golpe divertido, buenos efectos especiales (incluso con un cierto regusto ochentero), no hay salidas de tono para que la pueda ver toda la familia y se ríe de sí misma y de esa polémica de la que hablábamos. Las cuatro actrices elegidas corren desigual fortuna: Melissa McCarthy es divertida aunque esté oficiando un funeral; Kristen Wiig funciona gracias a esa tensión sexual no resuelta con un sorprendentemente divertido Chris Hemsworth; Leslie Jones nos recuerda demasiado a Queen Latifah como para que nos pueda gustar y Kate McKinnon… no sabe, no contesta. Los cameos de los Ghostbusters originales están tan forzados que se los podían haber ahorrado.
Al que escribe, los 117 minutos que dura la peli se le han hecho larguitos y que un filme de acción, pretendidamente divertido, que no llega a las dos horas de fatiguilla no es buen síntoma. Eso sí, cada vez que suena el tema original de Ray Parker Jr. la película pega un subidonazo que ni la abuela de la tarjeta 6000.
Sin más.