Lo mejor de ‘The Expanse’ (emite Netflix en España, produce SyFy) es que es un genuino relato de ciencia ficción clásico. Un entramado de referencias donde el espectador se da de bruces con ‘Desafío Total’ y ‘Blade Runner’, por un lado, y con toda la producción distópica de Bradbury, Orwell o Matheson. Un mash-up muy bien mezclado, un buen cóctel de sabor clásico y retrogusto contemporáneo. Una space opera en toda su expresión que, además, contiene tramas políticas y policiacas.
En definitiva ‘Expanse’ es lo que la ciencia ficción tiene que ser: un acercamiento a un futuro muy lejano que, sin embargo, explica bien el presente y nos hace reflexionar sobre nuestra propia conciencia. La serie es una adaptación de la saga literaria de James S.A. Corey que, en realidad, es el seudónimo de dos escritores: Daniel Abraham y Ty Franck. La saga se inaugura en 2011 con ‘El despertar del Leviatán’ (Publicado en España por Ediciones B, muy recomendable) y cuenta con cinco libros más que se han venido publicando regularmente, uno por año, hasta 2016.
Pongámonos en situación: Dos siglos después de la colonización del Sistema Solar, La Tierra ha superado el concepto de nación para unirse en un solo gobierno mundial bajo el auspicio de la ONU y Marte se ha convertido en un planeta independiente cuyo inhóspito territorio la ha convertido en una potencia militar regida por la disciplina espartana. En medio está el cinturón de asteroides, un grupo de pequeñas colonias de donde sale el agua y diversas materias primas indispensables para los dos potencias que permanecen esclavizadas en un sistema de control corporativo donde escasean los víveres, los tratamientos médicos (sus habitantes están afectados por vivir en gravedad cero y en contacto con la contaminación atmosférica) y hay una mínima observación de los Derechos Humanos básicos.
Entre medias se cruzan la historia del detective Joe Miller (Thomas Jane), que es un poco corrupto y buscavidas, a quién han encargado la investigación de la desaparición de la hija de un magnate que se ha unido al movimiento independentista del Cinturón de Asteroides y la escalada de enfrentamiento entre marcianos y terrícolas por el control del agua, de las materias primas y de la predominancia sobre el Sistema Solar que arranca con la destrucción de una nave terrícola por parte de una nave de Marte (o eso parece).

La producción cumple y exprime al máximo las capacidades de los efectos digitales actuales y, en términos de vestuario y maquillaje, el hecho de que se vean un poco las costuras nos remite (a las damas y a los caballeros de otra épocas…tal es mi caso) a producciones televisivas que la nostalgia nos hace añorar como ‘Los Siete de Blake’ –una producción inglesa de la BBC- o el ‘Doctor Who’ primigenio. Nada de lo que preocuparse, parte de su encanto reside ahí, que parezca un poco de siempre.
En términos de realización y de guión también la cosa funciona con un trabajo correcto que, al estar todo bien colocado en su sitio, nos permite disfrutar sin que, en ningún momento, el asunto parezca plano. Es de agradecer también que la serie no se sostenga, una y otra vez, sobre el cliffhanger agotador y que, como buen clásico, juegue mejor la carta de ir desmenuzando las tramas, administrando y haciendo un buen uso de la economía narrativa.
No hay muchos finales colgados en los episodios si no que, más bien, todo se va desarrollando a ojos del espectador sin mucho misterio pero, a la vez, manteniendo la tensión y el interés. El ritmo pausado de thriller clásico se acomoda perfectamente a la historia.
Si tienen ustedes oportunidad no pierdan el tiempo y échenle un vistazo a ‘The Expanse’, sus neuronas lo agradecerán, el espectáculo vale la pena y, por cierto, ya está estrenada la segunda temporada en Estados Unidos.